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Cómo viví el incendio del Windsor, once años de incertidumbre

12, febrero | OPINION | Sin comentarios
Cómo viví el incendio del Windsor, once años de incertidumbre

El 12 de febrero de 2005 fue sábado. Cenaba con unos amigos, aficionados al mus, y por aquellas fechas nos gustaba compartir las delicias culinarias que cada uno rescataba con los recuerdos de abuelos cercanos a la vida de pueblo. Me llamó mi hijo que estaba por la calle para decirme que pusiera la radio o la televisión, le parecía que en el Windsor se había producido un atentado. Lo comenté a mis compañeros de mesa, encendimos la televisión y no aparecía nada. Buscamos un transistor, pero tampoco daban noticias sobre el asunto. La noche era agradable y decidimos bajar a comprobarlo. Vivimos cerca, fue un corto paseo. Recordé entonces que había pasado por la zona, de regreso a casa, entre las 21 y 21:30 y sentí un fuerte olor a quemado.

Nuestra hija, que nació el 14 de febrero, celebraba con unos amigos su cumple en una vivienda a medio reformar, en el que la puerta del baño era una cortina-sábana. Lo recuerda y confío que como algo bueno.

Llegamos en unos instantes, no parecía un atentado sino un incendio, nos acercamos y comenzaron a llegar los bomberos, pero se veía poca actividad. Las llamas continuaban hacia arriba y hacia abajo, una cosa muy extraña. Estuvimos allí hasta que la fachada que daba a Raimundo Fernández Villaverde comenzó a desmoronarse, parecía un edificio de papel. Había mucha gente viendo el espectáculo en directo y sorprendida de ver cómo una construcción de esa magnitud se venía abajo. Tomé muchas fotografías. Parece increíble, pero no hubo víctimas. Los daños materiales directos e indirectos numerosos y el lucro cesante, incesante.

La torre inaugurada en el año 1979 era propiedad de la sociedad Asón Inmobiliaria, tenía 106 metros de altura, 32 plantas, de las cuales 28 destinadas a oficinas, aproximadamente 960 m2 por planta y era uno de los primeros rascacielos de Madrid, coincidente con un grato recuerdo para mí, porque supuso un cambio de estado social, a pesar de mi aguda faringitis, es decir, duró 26 años. Parecía inexpugnable porque su estructura era de hormigón e hierro, además disponía de dos plantas técnicas intermedias, entre la 3ª y 4ª y la 16ª y 17ª que según los comentaristas de aquel día eran una barrera anti fuego en las que sin duda alguna se podría contener las llamas. Ardió durante 27 horas. Lejos estaban de la verdad.

Su exterior de vidrio lo hacía destacar sobremanera con la luz solar. La rotura de los cristales según avanzaban las llamas se percibían con nitidez, así como el estruendo de algunas piezas grandes contra el suelo. Los bomberos concentraron sus esfuerzos en salvar al Corte Inglés de la quema, los chorros de agua visibles desde donde nos encontrábamos iban dirigidos a refrescar los grandes almacenes. En sus bajos estuvo la famosa discoteca del mismo nombre.

En el edificio se ubicaban las oficinas de Deloitte, que perdió en el siniestro la documentación de una auditoría al grupo FG (Francisco González, actual presidente del BBVA); solicitada por la Fiscalía Anticorrupción, Garrigues o el Ministerio de Defensa; del que custodiaba documentos reservados. Las especulaciones corrieron de boca en boca. Es bien curioso que siete años después la corrupción en nuestro país, de nuevo, tuvo al partido popular como protagonista, hecho que se repite en 2015 fecha en la que actualizamos ésta información.

El escritor Francisco Castillo escribió la novela Cazar al Capricornio, tomando como tema central el incendio. La hipótesis oficial es que fue un cortocircuito o un cigarrillo mal apagado, en la planta 21 pero ¿puede un edificio de tal envergadura ser reducido por el fuego por una causa tan nimia? Contaba con vigilancia las veinticuatro horas del día, a cargo de la empresa Prosegur que ese día tenía 4 personas en el interior que tardaron en avisar a los bomberos, sistemas de detección y extinción del fuego. La Justicia ha ido archivando y exculpando a todos los implicados a pesar de que el informe pericial encargado por Allianz es demoledor en cuanto a la intervención de los bomberos y la empresa de seguridad.

-      ¿Quiénes eran las dos personas que a las cuatro menos diez de la madrugada, cuando aquello se había convertido en un infierno, se pasean por unos despachos totalmente calcinados?

Según el Ayuntamiento de Madrid, al frente del cual se encontraba Alberto Ruiz Gallardón, posteriormente Ministro de Justicia, a la una de la madrugada se ordena el desalojo del edificio. Entre las tres y la cinco de la madrugada, había alguien dentro del edificio incendiado y a punto de derrumbarse, que no había entrado por la puerta. Se verificó por los servicios de seguridad que todas las personas que habían entrado en el edificio, al cual accedían por medio de tarjeta electrónica que dejaba constancia de su nombre, destino y hora de entrada, habían salido. Cuando se notifica al 112, les comunican que son bomberos, pero según los bomberos, no eran bomberos y, según la Policía, tampoco eran Policías. Según el Servicio de Seguridad, tampoco era personal de seguridad del edificio, sin embargo, las ventanas iluminadas y las siluetas aparecen entre los pisos 12 y 16 del edificio, que estaban alquiladas por la consultora Deloitte. Repito entonces ¿quiénes eran?.

Indagando un poco, encontré el Auto del Juzgado de Instrucción número 28 de Madrid, del 31 de enero de 2006, por el que dicta auto de sobreseimiento del caso, que no tiene desperdicio. Veamos algunas frases contenidas en el mismo:

No aparece “debidamente justificada la perpetración de infracción penal”  “únicamente se ha determinado un foco de fuego situado en la planta 21, despacho 2109″, dependencia ocupada desde las 16.00 a las 23.00 horas del 12 de febrero por una persona identificada, quien admitió ante el juez haber fumado varios cigarros en la estancia, el último media hora antes de abandonar el lugar, y que afirmó haberlos apagado correctamente. ¡Lo que se podría haber evitado si la ley antitabaco estuviese en vigor!. El magistrado destacó que “no concurren indicios para poder establecer un engarce casual entre el consumo de cigarrillos y el origen o propagación del incendio”, “había material combustible suficiente para que el fuego progresara y fuera aumentado paulatinamente de tamaño”.

Sobre las imágenes de supuestas personas contenidas en la cinta, “no presentan ningún tipo de manipulación, ya que las señales de audio y vídeo se corresponden en todo momento”, y que las sombras que aparecen no son producidas por un reflejo procedente del exterior. El juez asegura que “aunque se pudiera admitir la posibilidad de la presencia de personas en el interior del edificio Windsor, no existe evidencia alguna de que ello pudiera haber tenido alguna incidencia en la causación o propagación del incendio”. ¿Qué hacían entonces allí?.

En cuanto al butrón que apareció en la pared de una de las oficinas situada en la zona del garaje que comunicaba con el interior del edificio, establece que el informe pericial aclaró que se trataba de un hueco pequeño realizado en un panel de pladur por el que difícilmente pasa una persona. ¿Un enano es una persona?.

Como el Auto de Archivo del Juzgado era apelable ante la Audiencia Provincial de Madrid, fue recurrido por varias de las partes, entre ellas Allianz, la aseguradora del inmueble y algunos de los afectados como Deloitte, también por Asón Propietaria. La Audiencia Provincial, dicta un Auto el 10 de diciembre de 2007, ratificando la decisión tomada por el Juzgado de Instrucción de archivar el caso penal, por no encontrar responsables penales. Ni cigarros o cigarrillos, ni fantasmas que pudieran alentar la historia del edificio, ni nadie. ¿Por qué los bomberos  no emplearon espuma de alta expansión a partir de la planta diecisiete para cortar la expansión del fuego en sentido descendente?.

Por informaciones recogidas de buenas fuentes, los peritos contratados por Allianz afirman que las tareas de extinción fueron ineficaces, durante treinta minutos. Un fuego de pequeña dimensión y localizado, terminó convirtiéndose en devastador.

La Audiencia Provincial de Madrid en fecha 13 de octubre de 2010 estima que no hay ningún responsable penal de que el Windsor se consumiera entre las llamas en unas pocas horas, que no hay ningún indicio que haga pensar que el fuego fue provocado, por lo que establece que se produjo de manera fortuita, que ni la actuación de los vigilantes del edificio ni la de la trabajadora de Deloitte que reconoció haberse fumado un cigarro esa misma noche son constituyentes de delito. En el caso de ésta última el auto asegura que no concurren indicios para poder establecer un engarce causal entre el consumo de cigarrillos y el origen o propagación del incendio, al no existir base, salvo que se entre en el ámbito de la conjetura, para concluir en sentido contrario. Parece que esto pudiera haber ocurrido hace muchos, muchos años, cuando no había medios para investigar… Pero no, esto ocurrió hace sólo ocho años.

Respecto alos vigilantes, asegura que actuaron según “los parámetros normales de exigibilidad a tenor de la situación que se produjo”.

En cuanto a si las obras realizadas en el edificio pudieron tener algo que ver, también deja libre de cargos a los propietarios del edificio, puesto que no se ha demostrado las posibles deficiencias en los sistemas de prevención de incendios.

Ocho años después, siguen sin respuesta muchas preguntas. No parece que las vayan a tener en los próximos años y las especulaciones que en su momento se abrieron siguen vivas: que si eran empleados de alguna empresa sacando documentación comprometida de las cajas fuertes, que si eran miembros de unidades de inteligencia intentando sacar expedientes de las oficinas, que si a un empresa que cotizaba en bolsa se la iba a auditar días después y toda su documentación se encontraba ahí, que si…

No obstante, esta primera resolución podría marcar la pauta que seguirán otras reclamaciones aún pendientes en los Tribunales entre las propias Asón y Prosegur, Deloitte que tenía arrendados la mayor parte de los pisos de oficinas, Garrigues y compañías como S2G, Alpha Corporate y MS y sus respectivos aseguradores, Mapfre, Allianz, Axa y Zúrich. Aún podrían pasar años hasta que se resuelvan todas las causas.

No me cabe duda de que el edificio disponía de un sistema de protección contra incendios inadecuado. No digo que no estuviese adaptado a la legislación vigente, pero un sistema de rociadores automáticos probablemente hubiese extinguido el pequeño fuego. Esta carencia es generalizada en comunidades de propietarios, comunidades de vecinos, edificios mixtos, comerciales, industriales y otros espacios cerrados donde se aglomeran personas mayores y niños.

Los daños y perjuicios superaron los 143 millones de euros, el lucro cesante se valoró por encima de los 39 millones, para lo cual se tomó un período de seis años, tiempo teórico que sería necesario para explotar el edificio en condiciones equivalentes al momento anterior al siniestro. Los honorario de profesionales ascendieron a 12,7 millones de euros y para desescombrar y demoler fueron necesarios 16 millones de euros.

Actualmente se ha levantado un nuevo edificio donde se encontraba el anterior. Se trata de un cilindro en tonos verdosos, rematado por otro cilindro retroiluminado. Hace unos días paseando por la noche admirábamos el cambio de tonalidad desde verde a rosado del cubo que lo culmina.Poco antes de las fiestas navideñas, El Corte Inglés inauguró la parte comercial que se integra dentro del antiguo centro. En la zona recién construida los arquitectos crearon un amplio recibidor y cuatro ascensores panorámicos que nacen en los aparcamientos subterráneos.

El nuevo inmueble es ligeramente más bajo que el anterior. Se inició en el año 2007 y mide 103 metros, tres menos que antes. En el número de pisos, la variación es apreciable ya que tiene 23 sobre rasante, frente a los 31 del que se incendió. Obra de los arquitectos Pablo Muñoz y Pedro Vilata, con una inversión de más de 300 millones de euros para el nuevo centro comercial, después de la compra del solar al antiguo propietario, ¿fórmula de pago del lucro cesante?.

La moderna gestión de edificios requiere una estructura organizativa dedicada a su conservación y mantenimiento que permita la utilización óptima por los usurarios, la seguridad, la mayor rentabilidad y mejor conservación de este activo de las empresas o los particulares constituidos en propiedad horizontal. Con frecuencia se confunde el mantenimiento con la actuación aseguradora, lejos están una de la otra. El mantenimiento puede ser preventivo o correctivo, ambos se enmarcan dentro de las operaciones a realizar para que los edificios se encuentren en perfecto estado. El aseguramiento requiere una reflexión sobre los riesgos a los que se ven sometidos los propietarios y los usuarios y sus posibles formas de reducción o transferencia a una Aseguradora, mediante la identificación y evaluación del riesgo, análisis de las causas frecuentes de siniestros, valoración adecuada del activo, identificación de los diferentes tipos de riesgos.

Un gran siniestro puede traer consigo múltiples fuentes de reclamaciones de terceros,como consecuencia de daños personales, daños materiales y consecuenciales a arrendatarios, a colindantes y reclamaciones de las autoridades por costes incurridos. Los colindantes deben ser objeto de especial atención. En el momento de la contratación, hay que contar con una correduría de seguros experimentada en seguros de edificios, seguros de oficinas y seguros mixtos. Algunos Administradores de Fincas son muy buenos vendiéndose o colocando riesgos, pero no están a la altura en actividades menos visibles inicialmente como la Gerencia de Riesgos, que luego pueden resultar de gran importancia. Un gran siniestro requiere el mejor asesoramiento y no una simple tramitación del mismo, un incendio como éste muestra cómo para algunas empresas y comunidades de vecinos el asesoramiento del corredor puede resultar tan importante cuando ocurre el siniestro como cuando se contratan las coberturas. En el caso de la Responsabilidad Civil, la suma asegurada y la solvencia de la compañía de seguros es aún más importante, puesto que algunas de las reclamaciones pueden tardar años en resolverse. Entre las Aseguradoras algunas se distinguen porque gestionan bien el siniestro, con eficiencia y profesionalidad, y otras que no lo hacen. Aprendamos de los fracasos, para alcanzar el éxito.


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